El director ejecutivo de Walmart, John Furner, respondió públicamente a las preocupaciones generadas por el despliegue de etiquetas digitales de anaquel en las tiendas de la cadena en Estados Unidos, asegurando que la compañía no modificará los precios de sus productos con base en información personal de los clientes ni según la hora del día, de acuerdo con un reporte previo de The Wall Street Journal.
En una carta dirigida directamente a los consumidores, Furner escribió: "Tu ingreso, tu historial de compras, la urgencia o lo que creemos que podrías pagar no van a cambiar el precio". El ejecutivo agregó que, ya sea que un cliente esté comprando comestibles o electrónicos en una tarde calurosa o en un apuro repentino por conseguir un producto específico, esa circunstancia "nunca es motivo para cobrarte más".
Furner también abordó de forma explícita el papel de la inteligencia artificial dentro de esta estrategia, aclarando que Walmart no utilizará las conversaciones que los clientes sostengan con Sparky, su asistente de inteligencia artificial, como base para ajustar precios de ningún tipo.
Estas declaraciones llegan varios meses después de que Walmart anunciara sus planes para instalar etiquetas digitales de anaquel en la totalidad de sus tiendas en Estados Unidos antes de que finalice el año. En su momento, la compañía explicó que el cambio hacia ese formato digital tenía como objetivo principal ahorrar tiempo al personal de las tiendas, que tradicionalmente debía actualizar de forma manual las etiquetas de precio impresas cada vez que había un cambio, un proceso considerablemente más lento que actualizar los precios de forma remota a través de un sistema digital centralizado.
Sin embargo, ese anuncio generó de inmediato preocupación entre consumidores y organizaciones de defensa del consumidor, quienes plantearon la posibilidad de que las etiquetas digitales pudieran facilitar prácticas de precios dinámicos, es decir, el ajuste de precios en tiempo real con base en factores como la demanda del producto, los precios de la competencia o las preferencias específicas de cada cliente, identificadas a través de sus datos de compra o navegación.
Esta preocupación no es exclusiva de Walmart ni del contexto estadounidense actual: la Comisión Federal de Comercio (FTC) se encuentra trabajando en una política diseñada específicamente para frenar la fijación de precios personalizada por parte de minoristas, mientras que distintos estados ya han comenzado a imponer sus propias reglas al respecto. Nueva York, por ejemplo, ya exige a los minoristas que revelen de forma explícita cuándo están utilizando fijación de precios algorítmica, mientras que Nueva Jersey, Connecticut y Maryland avanzaron en medidas para prohibir que las tiendas utilicen los datos personales de sus clientes como base para modificar los precios que se les cobra.
En ese contexto regulatorio cada vez más activo, la carta de Furner puede interpretarse como un intento de Walmart por adelantarse a cualquier señalamiento público o regulatorio antes de que el despliegue completo de las etiquetas digitales se complete en todas sus tiendas estadounidenses, dejando constancia explícita de sus compromisos frente a los consumidores mientras la conversación pública sobre precios dinámicos y algorítmicos continúa intensificándose en el sector minorista.
